
La crisis abierta en Venezuela tras las pasadas elecciones presidenciales del 28 de julio ha sido encauzada por el Gobierno venezolano al redirigir las protestas a través del poder Judicial, lo que ha dado una apariencia de calma temporal en las calles. En el ámbito internacional, el problema es diferente: los países se han dividido entre quienes han felicitiado al presidente Maduro por su reelección (China, Rusia, Bolivia), los que afirman que ha ganado el candidato de la oposición (EEUU, Argentina, Perú) y un tercer grupo (Brasil, Colombia, México) que espera que el actual mandatario venezolano aporte pruebas que aclaren cualquier posible duda. En este último grupo, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha realizado una intensa actividad diplomática por promover la calma y el diálogo entre todas las partes, ejerciendo un importante papel de mediación con el fin de evitar que las injerencias estadounidenses y europeas puedan agravar más el problema.