
El candidato George Simion de la Alianza por la Unión de los Rumanos (AUR) ha sido el más votado en las elecciones presidenciales de Rumanía, con casi un 40,79% de los votos escrutados, por lo que se disputará el cargo el próximo 18 de mayo en segunda vuelta con el candidato independiente Nisiur Dan, que se quedó en segundo lugar con un 20,97% de los votos. Por su parte, el candidato oficialista, Crin Antonescu, de la coalición gobernante del Partido Socialdemócrata de Rumanía (PSD) y el Partido Nacional Liberal (PNL) ha quedado en tercer lugar.
Desde Praefuturus, consideramos inevitable este resultado vista la reacción popular en las calles de las principales ciudades rumanas, debido a la controvertida inhabilitación política del candidato ultranacionalista (Calin Georgescu) tras su éxito en las elecciones del 24 de noviembre del año pasado. La «obligada» repetición de los comicios por parte de las presiones gubernamentales rumanas y las máximas autoridades comunitarias de la Unión Europea sólo han agravado un sonoro fracaso no sólo para la propia Rumanía, sino también para la supuesta legitimidad democrática de la UE.
Pero no nos engañemos. A pesar de que la propaganda amiga haya peleado muy duro para dibujar un escenario de enfrentamiento entre democracia política liberal frente a la ultraderecha nacionalista en el imaginario colectivo, la realidad práctica no es esa. Sólo tenemos que fijarnos en el caso italiano, por ejemplo, para comprender que, para las máximas instancias de la UE, los denominados partidos neofascistas son «buenos» (como la presidenta Georgia Meloni y sus Hermanos de Italia) cuando defienden la agenda geoestratética de EEUU, Reino Unido y la OTAN, mientras que son considerados «malos» si buscan la independencia real de sus respectivos países (como el vicepresidente Matteo Salvini y su Liga).
Y aún debemos hacer un salto conceptual más elevado al trasladar las repercusiones de la guerra proxy de la OTAN contra Rusia en territorio ucraniano. Sin consultar en ningún momento a la ciudadanía europea, se intenta reforzar una agenda de rearme y unas políticas militaristas de toda la Unión Europa únicamente al servicio de Estados Unidos y Reino Unido. Ahí es dónde volvemos al escenario Rumano, que juega un papel de primer orden en los planes estratégicos de la OTAN para controlar el mar Negro (y los países vecinos, sus recursos naturales y medios de comunicación) a través de la construcción de una de las bases militares estadounidenses más importantes hasta la fecha en Europa.
En resumen, la excusa del ogro ruso ha servido muy bien hasta la fecha para mantener el actual orden las cosas en la UE (y los beneficios de los máximos dirigentes comunitarios) frente a un electorado europeo que busca soluciones reales al hacerse inevitablemente patente que el barco europeo hace aguas por sus propias contradicciones políticas y económicas, así como por sus evidentes prácticas mafiosas y corruptas.