
Una veintena de líderes europeos (Alemania, España, Francia, Italia, Reino Unido), no europeos (Canadá, Ucrania y Turquía) y supranacionales (OTAN, UE) se dieron cita este domingo en Londres para realizar un plan de paz de alternativo (al propuesto por EEUU y Rusia) que la devuelva la mesa de negociaciones. Hasta entonces, han reafirmado que redoblarán el apoyo militar a Ucrania y que mantendrán la presión económica sobre Rusia. Además, también han reafirmado su propósito de que tanto la UE como Ucrania formen parte de la mesa de negociaciones, así como el despliegue de unas teóricas fuerzas de paz europeas en territorio ucraniano.
Desde Praefuturus, debemos resaltar las contradicciones mostradas en esta mal denominada cumbre europea sobre Ucrania: ¿qué hacen países como Canadá o Reino Unido en una cumbre europea, verdad? Otro error mayúsculo es la desesperación pública por forzar el juego en un momento debilidad extrema (los arsenales europeos están vacíos, los ejércitos carecen efectivos suficientes para plantear un desafío en un tiempo razonable -la única excepción es Polonia-, las economías regionales continúan sin crecimiento o retrocediendo directamente desde hace meses, etc).
A ello deberíamos sumar la falta de unidad ante la multitud de intereses representados. Reino Unido y Francia continúan intentando hacerse individualmente con el liderazgo efectivo de los acontecimientos; Italia (y otros países sometidos a EEUU) trataron de acordar una reunión paralela con la administración Trump); los países bálticos (como Lituania) ni siquiera fueron invitados a la cumbre (pero los países nórdicos y Canadá sí); países contrarios al mantenimiento de la guerra casi desde el principio (como Hungría, Eslovaquia o Turquía).
En resumen, la cumbre pretende ser un golpe europeo en la mesa de negociaciones para separar a Estados Unidos de Rusia (o distanciar un poco el reciente acercamiento de posiciones entre ellos), dejándoles un poco más de margen aparente en el reparto de lo que quede en la parte occidental de Ucrania (la parte que se repartirán los supuestos «aliados» y «socios») en base a las distintas negociaciones bilaterales y préstamos recibidos a lo largo de estos casi 3 años de guerra.
Sin embargo, también existe aquí un componente de amenaza conjunta claramente implícita: si nos quedamos sin la parte que se nos prometió del pastel, desplegaremos tropas con la excusa del mantenimiento de la paz una vez entre en vigor un alto el fuego y provocaremos una guerra directa con Rusia (de un modo u otro).